viernes, agosto 04, 2017

sin pronunciamiento

Los días pasan y me extraña que no haya un pronunciamiento claro y firme de la izquierda peruana sobre lo que viene ocurriendo en Venezuela. Más de una vez he barajado la idea –en un claro esfuerzo de buena intención- de que el silencio obedezca a una remota esperanza de cambio. Pero hablamos de un deseo exagerado, inverosímil, que no se sostiene ni en el discurso, ni en los hechos.
En cuanto a los hechos, basta recorrer las calles limeñas para toparnos con miles de venezolanos que venden arepas, café y bombitas, en lo que considero un acto de valentía y riesgo. Así es: vender arepas en el país de la buena comida. Ese solo acto refleja el fracaso de un sistema político y económico de izquierda. Y hablamos de Venezuela, quizá uno de los países más ricos en reservas energéticas del mundo. Los hechos, como tales, son la otra cara de la moneda: el discurso de los valores y principios que sostiene a la izquierda.
A esta maravilla sumemos los ya escasos respetos a las libertades que muestra diariamente la dictadura de Nicolás Maduro. Los muertos también son hechos, que vemos a diario en las redes sociales y en los medios de información.
Por ello: no protestar contra ello es también complicidad. Es ofender los principios. ¿Acaso un izquierdista está incapacitado de criticar un régimen dictatorial de izquierda? Recordemos, en este sentido, la postura de Mario Vargas Llosa contra la dictadura de Augusto Pinochet. Un neoliberal criticando a uno de los peores productos de la derecha. Coherencia, dicen. 
Si la izquierda peruana no se pone las pilas en este tema, mejor vayan haciéndose la idea de que jamás será gobierno. La secuela inmediata de lo que se vive en el hermano país del norte la estamos viendo todos los días y contra ello la verborrea poco o nada puede hacer, así esta venga con las mejores de las intenciones.

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